Nadie dijo que fuera fácil. Nadie nunca
nombró aquello que se consiguiera sin esfuerzo. Nadie puso nada en bandeja para
los demás. Cada uno lucha por lo suyo, busca su propio beneficio. Lucha por lo
que para la persona es ''imprescindible'' (en un momento determinado, nada dura
para siempre), por lo que quiere, por lo que en ese momento se le apetece
luchar. Cada uno se pone sus metas y sus límites, y a raíz de ellos salen a
encontrar lo que buscan. Tratan de conseguir lo que, en algún momento, se
propusieron. Pero... cuando no se alcanza, llega la frustración, la angustia por
haber intentado conseguir algo y no haberlo conseguido. La desesperación de
haberse propuesto una meta y que de algún modo se haya ido de las manos, aún
nunca habiendo estado en ellas. La tristeza de conseguirlo, pero no saliera
como se esperaba. Pero lo superas. Comienzas a proponerte nuevos retos, y esta
vez, esperas conseguirlos, y si es así, que esta vez salga bien. Esta vez
procuras actuar de otro modo (a ver si te va mejor). Así conformas tu vida,
sigues distintas direcciones a ver donde llegas, a ver donde termina ese camino
que, un día, decidiste emprender solo. Sólo tú y tus decisiones. Es cuando tú
decides saltar las piedras o tropezarte, tú decides quienes te acompañan y
quienes no, tú decides que dirección coger. En fin, tú decides que vida quieres
vivir. Pero... toda decisión tiene sus consecuencias, y nadie sabe cuales son,
ni tú cuando las decides. Por eso... nadie dijo que fuera fácil, nadie dijo si
tus decisiones te beneficiarían o, en cambio, te traerían ''problemas''. Nadie
dijo cuántas veces te equivocarías, ni cuántas veces te tocaría pedir perdón.
No, nadie lo dijo.
Y sí, he de decir, que por una parte, no
estaría demás saber que lo que decides te beneficia y no hace mal a los demás.
Que lo que haces, bien hecho está. Pero no, la vida se hizo de otra manera.
Nadie sabe lo que pasará en los tres minutos siguientes al momento que vivimos.
Y, bueno, en cierta manera, esto es lo interesante de la vida, no saber que
vamos a vivir, a pesar de que quienes toman las decisiones somos nosotros.
Vivimos con la incertidumbre de qué va a pasar, de cómo nos afectarán nuestras
decisiones. Vivimos desesperados por no saber cómo enfrentarte a lo que venga,
a no poder planear a largo plazo porque no está en nuestras manos. Perdemos
media vida planeando para que al final sea el destino el que decida por encima
de tus decisiones. Por eso, vive. Deja de planear y deja que los sucesos,
simplemente, sucedan.
Y
sí, hazte a la idea… Nadie dijo que fuera fácil.
Ele!







