Muchos nos basamos en las quejas para explicar cómo nos va. Quejarnos es una de nuestras mejores habilidades. Sí, así lo creo (sobretodo por experiencia). Me quejo mucho, bueno... bastante. Vamos, que me quejo lo suficiente como para saber que no estoy de acuerdo con cómo me van las cosas. Pero por otra parte pienso que me podría ir peor, que podría no tener ni la mitad de lo que tengo. Que me podrían faltar esas mil cosas que me hacen sonreír cada día. Pero no, lo tengo y me alegro por ello. Pero me quejo, me sigo quejando todo cuanto puedo. Aunque así no consiga nada, no arreglo ni mejoro la situación en la que me encuentro. Supongo que es, una vez más, el inconformismo que me caracteriza. Me puedo considerar quejica (lo admito).

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