
Muchas veces no somos capaces de
ver a esa pequeña gran persona que tenemos delante, todos los días,
desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, esa persona a la que odiamos
cuando nos sentimos mal, esa persona a la que queremos cuando estamos
contentos, esa persona a la que vemos guapa 4 veces a la semana y fea 3, esa
persona con la que nos levantamos todos los días, tratamos de ayudarla y hacerle
ver las cosas de otra manera cuando llevamos mil y una hora pensando en lo
mismo, aquella persona con la que hablas todos los días
delante del espejo, que tratas como a una más, no debiendo ser así,
pues somos únicos, únicos en nosotros mismos y
con las demás personas, únicos actuando en las
diferentes situaciones que se nos presentan, sí, los principales
protagonistas de nuestra vida. Los protagonistas que encauzan los caminos que
debemos recorrer en cada momento, eligiendo a cada uno de los personajes que
queremos que nos acompañen en el camino, protagonistas de las más
dolorosas escenas, también de las alegres, nerviosas, vergonzosas, o
simplemente caprichosas…
Principalmente nos tenemos
a nosotros mismos, un tesoro valioso que no damos importancia, siempre pensamos
que necesitamos de otra persona para estar bien, para estar felices, pero esto
no es así, estas personas sólo son un complemento en
nuestras vidas, alguien que nos hace duplicar la felicidad, o disminuir la tristeza,
alguien con quien nos desahogamos, alguien con quien contamos en lo peores
momentos, alguien a quienes les hablamos de nuestros sentimientos, de cómo
nos sentimos o cómo nos dejamos de sentir, en definitiva, alguien con quien
contamos cuando lo necesitamos. Pero primero debemos contar con nosotros mismos,
pensar en lo que realmente queremos hacer, cómo actuar, con quién contar,
conocernos a nosotros mismos para saber qué es lo que necesitamos, cómo nos
sentimos para luego poder comunicarlo a los demás.
Ele!
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